Mis hijos ya saben que sin Cristo, sin Dios no son nada Me acerqué a Cristo porque mi mamá fue la primera que se convirtió. Fue como hace 20 años, estando en un tratamiento de Cáncer, el cual era muy agresivo en ese entonces, apenas empezaban las quimioterapias. Mi mamá tenía que recuperarse después de cada quimio, porque si no, no le aplicaban la siguiente. Ella dice que ya se había dado, y en una de esas sesiones, que estaba ya muy mal, Cristo se le apareció, sintiendo su presencia y como una sombra que le dijo “-¿De qué te quejas? Si yo sufrí más por ti… no tienes por qué quejarte, yo voy a estar contigo, pero tú sigue adelante”. A partir de ahí, todo lo que le hacían lo aguantaba. De las 15 personas que empezaron el tratamiento 2 sobrevivieron, y entre ellas mi mamá. Nosotros sus hijos vivimos eso. Pero ya sabes que uno de terco sigue en el mundo, no tengo la ventaja de nacer en un hogar con Cristo, y todo lo que antes hacía era más del mundo, hasta que vi a mi mamá. Sin embargo, en mi rebeldía me casé con un inconverso, pero a partir de que quedé embaraza le dije, “Señor, si tú me das al hijo que espero, si todo sale bien yo te lo voy a llevar, y claro, yo también voy a ir”, y aquí estoy. He tenido una lucha constante en mi matrimonio por causa de mi fe, pero a partir de que comencé a leer la biblia, entendí que todo hay que hacerse con amor, y le pedí a Dios que me de la paciencia y el amor que necesito. Gracias a Dios, ahora mi marido también viene, no con el ánimo, pero viene. Mis hijos a veces se desesperan porque su papá no se convierte, sin embargo, yo me aferro a la promesa de que si soy salva, mi casa también va a ser salva. Quizá mis ojos no lo vean, pero yo creo en esa promesa.
Hermana Catalina Hernández Herrera
Iglesia Bautista Fundamental de Ciudad Madero

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